HACIA EL EDIFICIO DE CONSUMO DE ENERGÍA CASI NULO

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Mucho hemos oído hablar estos últimos años de la pobreza energética en España o porcentaje de hogares donde el gasto en las facturas de energía respecto de sus ingresos anuales es tan  desproporcionado, que se declaran incapaces de mantener su vivienda a una temperatura adecuada en los meses  fríos de invierno.

También hemos oído hablar de la hipoteca energética o desembolso económico que suponen las facturas de energía mensuales de una vivienda, que crecen a lo largo de su vida útil y que hay que sumar a la hipoteca financiera.

Efecto Invernadero

Por último, ¿quién no ha oído hablar del calentamiento global del planeta?.  Hace ya más de 10 años que entró en vigor el llamado Protocolo de Kyoto de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático. Se trata de un acuerdo internacional por el que la mayor parte de países industrializados, se comprometieron a poner en marcha un conjunto de medidas, para reducir los gases de efecto invernadero, responsables del calentamiento global del planeta. Desde entonces hasta ahora, los países que ratificaron dicho acuerdo, entre los que se encuentra la Unión Europea, han ido adoptando medidas para alcanzar los objetivos pactados.

Entre estas medidas se encuentra la directiva de eficiencia energética de edificios 2010/31/UE de 19 de marzo de 2010. Esta directiva es la principal norma europea dirigida a garantizar el cumplimiento de la contención de emisiones de gases de efecto invernadero, reducir el consumo energético y generar energía a partir de fuentes renovables, en lo que respecta a la edificación, teniendo como horizonte el 31 de diciembre de 2018 para los edificios de la Administración Pública y el 31 de diciembre de 2020 para el resto de edificios. Además introduce por primera vez el concepto de “edificio de consumo de energía casi nulo” (EECN) como un “edificio con un nivel de eficiencia energética muy alto, cuya escasa demanda de energía deberá estar cubierta, en gran parte, por energía procedente de fuentes renovables”.  Es responsabilidad de cada Estado miembro:

  • Establecer unos requisitos mínimos y una metodología de cálculo de la eficiencia energética de sus edificios.
  • Establecer una definición a nivel nacional de edificio de consumo de energía casi nulo (EECN) que refleje las condiciones particulares de cada país o región e incluya un indicador numérico de uso de energía primaria.

En España, todavía no se ha llegado a esta definición, aunque nos estamos aproximando  a  ella a través de sucesivas modificaciones del Código Técnico. Además, las actuales herramientas de certificación energética no parecen suficientes para certificar un edificio de este tipo, ya que deberían incluir un control ó una monitorización de la obra y una certificación final de los resultados, mediante un sello específico que identifique a los edificios de alta eficiencia energética.

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Una posibilidad  para determinar las características que debería tener este sello, sería adoptar las del estándar Passivhaus como referencia, como ya han hecho otros países europeos. El concepto Passivhaus ó Casa Pasiva es un estándar de construcción de edificios de muy bajo consumo energético nacido en Alemania en la década de los 90. Actualmente es el certificado más exigente del mercado en materia de eficiencia energética.

casa pasiva

¿Qué es una Passivhaus? Son edificios que combinan un alto grado de confort térmico con un consumo de energía muy bajo y a un precio asequible. Esto se consigue mediante el calentamiento o enfriamiento del flujo de aire necesario para lograr la ventilación higiénica de sus ocupantes.

Por un lado, la optimización de los recursos existentes a través de técnicas pasivas, como un buen factor de forma, una buena orientación, un aprovechamiento óptimo del soleamiento o incluso la utilización de vegetación estacional, y por otro lado, recursos técnicos, como un gran aislamiento, un control riguroso de los puentes térmicos y de las infiltraciones de aire no deseadas y unas carpinterías de gran calidad, consiguen reducir el aporte de energía necesario para su climatización, la cual se logra mediante ventilación mecánica controlada con recuperación de calor, sin necesidad de recurrir a ningún otro sistema, salvo, quizá y en función del clima concreto, una fuente adicional de calor ó refrigeración que sólo será necesario utilizar en momentos puntuales y que puede cubrirse a partir de energías renovables.

Se pudiera pensar que este aumento en la calidad de la construcción supone un aumento en el coste del edificio, sin embargo, es necesario tener en cuenta el coste real del edificio a lo largo de su ciclo de vida. Aunque su construcción suponga un ligero sobrecoste de un 5-10% respecto de un edificio convencional, se compensa en pocos años por la reducción de su demanda de energía (hasta la décima parte).

Dinamarca es el primer estado miembro que ya ha hecho los deberes. España está muy lejos de conseguirlo. Son muchos los cambios que debe asumir el mercado inmobiliario español  antes del 2020 para conseguir la plena implantación de  los EECN. A la falta de concienciación social sobre estos temas, se une el desconocimiento del valor real de las certificaciones energéticas, la preocupación por su coste económico y sobre todo, la falta de coordinación que existe en la normativa de carácter autonómico y local. A pesar de esto, conseguirlo no sólo es un reto apasionante sino una necesidad y a ello debemos dedicar nuestros esfuerzos los próximos años.

CRISTINA CALLE/ Arquitecto

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